Estatus de los dragones

Un aspecto crucial del sentido y funcionamiento del reino de Brígar reside en la consideración o estatus de los dragones desde un punto de vista legal, social, político o incluso cultural.

Como especie sapiente originaria de Brígar, los dragones poseen ciudadanía plena. Ello implica que cuentan con derechos reconocidos en el territorio nacional y reciben una protección absoluta bajo un marco jurídico completo.

Desde los inicios de la inmigración humana a Brígar hasta el presente, el grueso de la población humana de Brígar respeta a los dragones como bestias sagradas. Esto significa que, además de cumplir con las leyes que exigen un trato justo para los dragones, también presentan un cierto nivel de idolatría religiosa por la imagen y el papel eminente de los dragones en la historia y en la sociedad contemporánea.

A pesar de ello, la influencia de otros países, la inmigración y la normalización de prácticas encaminadas al cuidado y manejo de dragones; fruto de su enorme utilidad y dependencia en el ser humano para fines y necesidades vinculadas al uso de objetos, han ido propiciando una visión más utilitaria o segregacionista hacia estos animales.

Aun cuando las leyes amparan a los dragones frente a cada uno de los retos que van surgiendo en una era tecnológica, el interés nacional por prevalecer sobre potencias extranjeras y de sacarles partido a las ventajas a las características biológicas de los dragones incentivó la participación —o injerencia— humana en la crianza y selección de aquellos ejemplares que ofrecían una ventaja competitiva.

Este hecho, unido a la docilidad de los dragones y su propia visión colectiva de aportar en busca del bien común, ha desembocado en que los miembros de la especie draconiana sean hoy, simultáneamente, ciudadanos y activos económicos esenciales para el funcionamiento de la nación.

Desde hace años, diversas organizaciones draconistas se manifiestan para reivindicar cambios legislativos u organizan protestas ante casos sonados de abusos hacia los dragones. A pesar de todo, los habitantes draconianos apoyan este modo de vida y se sienten un compromiso en ofrecer sus capacidades de fuerza, vuelo y fuego al servicio del reino y de aquéllos humanos que les ofrezcan un sueldo o cuidados equivalentes.