Entrevista a un criador de dragones

Fimós Neres, criador y draconista, nos ofrece la entrevista de este mes como miembro experimentado del Consorcio Ganadero Nacional. Con 65 años a sus espaldas, agradece que los dragones le permitan seguir viajando por tierra como de joven lo hacía por el aire.

En el último Dracoencuentro, organizado el pasado 5 de humus en Puerto Tranquilo, el señor Neres planificó una caravana con nuestra asociación para visitar el Sagrado Zigurat de la Elevación. Bajo un apacible sol de verano, tuvimos la oportunidad de hacerle llegar unas preguntas acerca de sus inicios y de las peregrinaciones estivales.

E: ¿Por qué empezó usted a peregrinar?

F: Por mi fe virtuosista, por supuesto. Yo me crie a las afueras de Trelin, al pie de las vaguadas, en una plantación de trigo. Mi padre tenía un acuerdo con algunos dragones de la región para que le faenaran en los campos y lo transportasen a la ciudad. Conforme crecimos, llegó un momento en que le convino disponer de ellos todo el año para que también se llevaran a mi madre y a mis tres hermanas. Así pues, construyó un establo y les ofreció estabularse.

E: ¿Fue entonces cuando nació su pasión por las actividades dracuestres?

F: Sí, seguramente. A mi padre le gustaba montar y nos enseñó antes que en la escuela. No sólo por la utilidad y la protección que brindaba; sino por ese gusto de observar las alturas. Nos brinda otro punto de vista muy diferente.

E: ¿Volaba mucho durante sus años mozos? 

F: Todo lo que me permitían mis dragones —ríe—.  Entonces se hacían algunas carreras sobre del delta del río Círez, y era impensable conducir dragones por las llanuras porque los caminos estaban enfangados y llenos de dinosaurios predadores.

E: Trelin siempre se ha considerado un fortín, tanto por la naturaleza como por los erastianos. ¿Está de acuerdo?

F: Y tanto que sí. Conocí a una chica de Arán y me mudé para aquella región. Como echaba de menos a mis queridas bestias, deseaba criar a mis propios dragones. Por la zona deambulaban algunos escamosos semisalvajes que habían sido esclavos bajo el Califato de Eráster. Daban problemas porque no estaban todavía integrados en la sociedad brigueña. Solicité la adopción de una pequeña manada en régimen de tutela y, con la supervisión de asistentes sociales, mi esposa y yo fuimos capaces de darles la educación y la confianza que necesitaban. Ellos me han acompañado todo este tiempo.

E: Se rumorea por Puerto Tranquilo que fueron sus dragones quienes lo introdujeron en el mundillo, ¿es cierto?

F: Sí, y por partida doble. Mis bestias iban por sí solas a los templos para rezarles a sus ancestros y a Yalán. Dado que sabían que parte de mi familia residía en Trelin, se ofrecían a llevarme. Y, entre idas y venidas, acabé involucrándome en las actividades religiosas y en las agrupaciones locales de ganaderos.

E: ¿Cuáles fueron sus primeras rutas?

F: Empecé haciendo viajes cortos con mi esposa y amigos. Uno de ellos tenía dragones en Puntallama y los acompañaba en trashumancia a través de las montañas para alcanzar los pastos de Trelin cuando apretaba el calor. Viajábamos entre localidades para hacer un poco de turismo y la mejora paulatina de las carreteras, sobre todo de su seguridad, hizo factible que pasáramos a hacerlas en carruaje.

E: ¿Hubo alguna razón para el cambio?

F: Principalmente la comodidad y el equipaje. Si íbamos en uno de nuestros dragones o con dos, debíamos salir con lo puesto y unas maletas ligeras para no fatigarlos en exceso. Eso limitaba nuestras salidas y la duración. Al final, preferíamos tardar más y disfrutar del paisaje que llegar sufriendo una paliza en el cuello y en las lumbares.

E: ¿Qué razas de dragones tiene o ha tenido?

F: De pequeño tuve amatistas y de mayor, a raíz de las adopciones, he cuidado de rubíes y de mestizos variados. Con la ayuda del Consorcio pude cruzar a varios ejemplares para encauzar sus razas como lo merecen.

E: ¿Y rinden bien en tierra?

F: Más de cuanto la gente imagina. No son dragones adecuados para atravesar pasos abruptos, como lo sería un argénteo, pero el terreno llano no les supone dificultad. Siempre los conduzco en tronco para el esfuerzo les resulte mínimo.

E: ¿Qué tipo de enganche prefiere?

F: Intentamos reciclar los modelos antiguos e ir probando las innovaciones. Encontramos que los nuevos carruajes con ruedas neumáticas resisten mejor los traqueteos del camino.

E: Y eso sólo fue el principio…

F: En efecto. Le pillamos tanto el gusto a esto de viajar cómodos que a mi esposa y a mí se nos ocurrió fundar una cooperativa de turismo dracuestre. Quería convertir un pasatiempo en una actividad remunerada.

E: ¿Y cómo se adaptaron sus dragones a este propósito?

F: La mayoría se entusiasmó porque prefería darse paseos por el campo que faenar en los cultivos o en una fábrica. Uno de los dragoncetes tenía demasiado carácter, por lo que tuve que buscarle otra cosa. Tras hablarlo con él, se lo vendí a un vecino para que le forjara un caché como dragón de carreras.

E: ¿Hay muchos turistas que elijan recorrer los paisajes en carruaje?

F: No demasiados, pero los suficientes para sacar el negocio a flote. El turismo dracuestre es reducido porque todavía predomina la visión de que debemos desplazarnos en dragones por necesidad y no por mero placer, a excepción de las peregrinaciones. Yo me pongo en la piel de los virtuosistas más acérrimos; pero no veo nada de malo si el propio dragón, converso o no, está de acuerdo.

E: A pesar de las dificultades, ustedes completan casi todas las plazas por temporada.

F: Hay gente que opta por un paseo relajante y en mitad de la naturaleza, con las debidas precauciones, que exponerse a una caída mortal, soportar los vientos y pasar frío.

E: ¿Cuáles mitones de herradura les pone a sus bestias para el trabajo diario?

F: Usamos modelos con aleación de hierro y vidia para las carreteras convencionales, y unos de goma para los tramos pavimentados con hormigón. Aunque estos últimos resistan mejor la erosión de los elementos, también aumentan el riesgo de resbalones entre nuestros cuadrúpedos. Por otro lado, se integran mal en nuestro patrimonio natural. Habría que evitarlos en la medida de lo posible.

E: Según se comenta, algunos de sus clientes se animan después a peregrinar con ustedes.

F: Sí. Así repiten la experiencia. Además, el costo de la travesía lo dejo a la voluntad del creyente. No exigimos ningún pago porque es lo que nos mantiene unidos a nuestros orígenes.

E: ¿Cuánta distancia recorren cada jornada?

F: Diría que un promedio 50 millas. Nuestros dragones son de tranco lento, pero gozan de gran aguante. Depende asimismo de la orografía y de si hay curvas o pendientes. 

E: ¿Cómo preparan las peregrinaciones?

F: Estudiamos la ruta gracias a la aplicación de Mapas de Brígar. Luego buscamos posibles alojamientos para la primera jornada. Normalmente, desde Puerto Tranquilo salimos diez o doce carruajes. Sin embargo, a veces hemos llegado a formar una recua de treinta. Nos acompañan varios dragones montados que se adelantan y anticipan las necesidades del grupo. Se les da muy bien localizar pastos entre los claros del camino.

E: ¿Y cómo valora estas excursiones?

F: Siempre nos lo pasamos en grande y los lugareños nos reciben para compartir comida, cánticos y alegrías. Si nuestros dragones están cansados, alguien se ofrece a traerles pienso o un espacio en donde puedan reposar.

E: ¿Qué les dice a aquellas personas que nunca han peregrinado?

F: Los invitaría a hacerlo cualquier año en que puedan. No se arrepentirán. El contacto con los dragones y las amistades que hacemos por el camino han ayudado a más de uno a aliviar el estrés y la ansiedad que padecemos en nuestro mundo moderno.

E: Gracias por sus sabias palabras, señor Neres.

F: A ustedes por entrevistarme. Roguemos a Yalán por que sigamos criando un ganado sano, vivaz y tan admirable por sus virtudes innatas.