Ancestralismo
El ancestralismo es una doctrina religiosa basada en la adoración de los antepasados y de sus enseñanzas. Se considera la más antigua e importante de las doctrinas draconianas y una de las más antiguas del mundo.
Su origen es anterior a la instauración del reino de Brígar, aunque el rey Auron influyó mucho al dotarla de un marco teórico universal y se basó en ésta para construir el régimen del Gobierno de los Sabios. Hasta la fecha, el ancestralismo marca buena parte de las políticas de Estado e incluso hay miles de conversos humanos que profesan y transmiten estos saberes tradicionales.
A diferencia de otras doctrinas, el ancestralismo no es una religión al uso. En la historia de la draconidad no ha habido una distinción formal entre religión y política. Por el contrario, engloba aspectos pragmáticos y civiles orientados a calmar el espíritu y llenar la fe mediante una explicación profunda y detallada de la organización social.
El ancestralismo comprende tres pilares o «sendas», que determinan cuál debe ser el comportamiento de los fieles en los distintos ámbitos de la vida, y tres estados de la vida o de la muerte que explican el fin de nuestra existencia y el motivo de nuestras obligaciones terrenales y celestiales.
Aunque las tres sendas son igualmente importantes, el individuo está obligado a dominar aquélla que fuere la principal para su modo de vida, es decir, la necesaria para ser artesano, guardián o gobernante.
Sendas
Senda de la Virtud
La senda de la Virtud explica cuáles son las responsabilidades de los fieles respecto a las acciones que afectan a uno mismo. Un fiel creyente debe ser sincero, correcto y bueno consigo mismo si aspira a serlo con terceras personas. Quien no se valora a sí mismo tampoco puede apreciar lo que hay a su alrededor ni entender las enseñanzas.
Es la senda de los artesanos.
Senda de la Armonía
La senda de la Armonía explica cuáles son las responsabilidades de los fieles respecto a la convivencia con los demás. Un fiel creyente sólo puede completarse como individuo y persona sabia si entiende a quienes lo rodean y es capaz de realizar acuerdos, pactos y sacrificios.
Es la senda de los guardianes.
Senda del Cielo
La senda del Cielo explica cuáles son las responsabilidades de los fieles respecto al gobierno del grupo. Esta senda incluye tanto el papel de los gobernantes como de quienes dirigen a otros en el ejército, en la familia o en la búsqueda de un bien común.
Es la senda de los gobernantes.
Estados de vida y muerte
Una de las bases del ancestralismo reside en el animismo: atribuye la existencia de un alma eterna a todos los animales, es decir, en aquellos seres capaces de moverse por propia voluntad. De esta forma, propugna la importancia de contribuir al camino del perfeccionamiento de cada sujeto y rechaza la violencia no justificada.
Cuando un dragón u otro animal muere, su alma va al cielo y allá se encarga de guiar a los vivos aportando su luz. Nuantos, el sol de Zarcadia, brilla más que el resto cuando es visible desde el planeta porque contiene el mayor número de almas. Y Darka, la luna, recoge parte del brillo para recordar que nuestros antepasados no nos dejan ni olvidan. Las restantes estrellas del cielo contienen aquellas almas más inocentes o que fueron especialmente virtuosas.
Se asume que cuando un dragón muere siendo una cría, su alma siempre viaja a las pequeñas estrellas más brillantes del firmamento para guiar a las manadas en el cielo nocturno.
El mandato del Cielo
El ancestralismo, por su naturaleza, ha servido para explicar y justificar el Gobierno de los Sabios y los pormenores que rigen la estructura del Estado. La idea clave reside en el llamado «mandato del Cielo».
El mandato del Cielo es un principio que establece la existencia de una intermediación de las almas presentes en el Cielo para velar por la vida plena, feliz y dichosa de los vivos. Según ésta, las almas nos hacen saber quién son los gobernantes ideales propiciando su llegada al poder y, por el contrario, tales almas se encargan de arrebatarle el poder a quien pierde sus virtudes por egoísmo o ambición desmedida.
El ancestralismo pondera, de igual forma, tanto el mérito individual como los méritos que el colectivo observe o atribuya al individuo. Esta dualidad entre la elección popular y la figura de un gobernante excelso permite la comunión del ancestralismo con dos regímenes de gobierno aparentemente antagónicos: la democracia y la monarquía.
El pueblo posee la legitimidad para elegir a sus gobernantes, pero la continuidad de ellos y de sus linajes corresponde a la decisión de las almas que se hallan en el Cielo. De tal forma, la sabiduría popular es quien elije y la sabiduría de las almas es quien nos hace saber sobre su legitimidad para gobernar.
