Identificación del ganado draquino

La trazabilidad del dragón y sus componentes

Una ganadería moderna y ética precisa de la trazabilidad completa del dragón doméstico, desde su eclosión del huevo hasta su jubilación o el cese de sus actividades para con el ser humano.

Este seguimiento preciso asegura no sólo la veracidad de la información poseída acerca del ejemplar; sino que brinda garantías al dragón de que nuestro Estado de Derecho dispone de los datos y de los mecanismos para actuar por motivación propia a fin de velar por que reciba un tratamiento justo en las distintas etapas de su vida productiva.

A continuación, ahondaremos en los distintos componentes que permiten identificar a los dragones, sus criadores y propietarios; así cómo en la intervención de estos métodos se adecúa a la finalidad perseguida.

Nombre propio y nombre derivado

El elemento básico de identificación de un dragón es el mismo que en un ser humano: su nombre propio. Todos los dragones del reino tienen el derecho y la obligación de disponer de un nombre que aluda a sus personas.

Por lo general, el nombre propio de los dragones es dado por sus progenitores o, en su defecto, por la hembra ponedora cuando asiste a la eclosión.

Dicho nombre se escribe y pronuncia en dragonés y de una forma asimilada en los idiomas humanos. Siempre que resulte posible, se prioriza la grafía y la pronunciación en la lengua draconiana.

El nombre propio de un dragón es inalienable a la propia persona. Por ende, un dragón no puede ser cambiado de nombre o desposeído del mismo, salvo en circunstancias excepcionales que escapan de los fines comerciales aquí descritos.

El nombre derivado, por otra parte, designa a aquél que identifica a un dragón para su dueño, en una explotación o en alguna actividad dracuestre.

Entre criadores aficionados, éste se emplea cotidianamente a modo de mote o apelativo cariñoso. Sin embargo, es en el ámbito profesional donde adquiere una dimensión más compleja.

En centros estatales y en deportes, el nombre derivado favorece el conocimiento público o colectivo de un dragón cuyo papel se vuelve muy relevante por sus aptitudes sobresalientes o especialidad.

Así, por ejemplo, los dracoguardianes y dracoatletas de élite acostumbran a disponer de un nombre derivado de su rendimiento físico, sus proezas o cualidades innatas que ameritan reconocimiento, atraen admiradores o seducen a tratantes de ganado draquino.

A diferencia del nombre propio, el derivado tiene una función y validez legal semejante a la de un seudónimo. Puede ser cambiado libremente con consentimiento expreso del dragón, así como anulado si no requiere uno por contrato.

Códigos de identificación nacional y pecuario

Desde el punto de vista administrativo se vuelve imprescindible que un dragón disponga de un código único que lo identifique, al mismo tiempo, como miembro de la nación y cual animal que queda al cuidado o servicio de un ser humano.

El código de identificación nacional (CIN) es un número compartido entre ambas especies en el reino. Por sí mismo, únicamente permite conocer el nombre y los apellidos del dragón, su fecha eclosión, sexo y raza.

Dada la importancia de conocer a fondo el historial y los atributos de cada ejemplar criado o traído a nuestro país, todo dragón que participa en alguna actividad dracuestre también posee un código suplementario e independiente de este primero.

El código de identificación pecuario (CIP), a diferencia del anterior, incluye información de índole veterinaria y ganadera; tal como la salud del ejemplar, su doma y entrenamientos recibidos, su posible dominio de distintas disciplinas, cruzamientos en que haya participado y su idoneidad reproductiva. Asimismo, como veremos más adelante, dicho código se relaciona con el dispuesto por entidades públicas o privadas: el código de identificación ganadero (CIG).

Marcajes y accesorios

Los dragones, al igual que otros ganados en la historia, han sido marcados durante siglos como forma básica de identificación y trazabilidad. Tales marcajes se producían sin su consentimiento y, a menudo, a costa de un gran dolor.

En nuestros días, los marcajes aplicados en Brígar se circunscriben al interés compartido por los dragones y sus responsables de ser fácilmente reconocidos dentro de unas instalaciones o de representar su pertenencia a una institución.

La mayoría de los marcajes empleados en la actualidad no son permanentes ni implican ningún daño al ejemplar. Entre los más comunes se halla el de alheña negra, un tinte de origen natural, que, combinado con otras sustancias, genera una suerte de pintura grasienta que permanece adherida a las escamas de los dragones durante un largo periodo de tiempo.

Aunque minoritarios, también se aplica hierro candente o nitrógeno líquido —especialmente según el contraste de la coloración— para generar una marca permanente sobre las escamas. Estas opciones suelen ser algo más comunes entre aquellos escamosos que se sienten vinculados a una familia, criadero u estamento.

Todos los tipos de marcajes están regulados en el marco del Bienestar Draconiano, el cual prohíbe expresamente cualquier práctica que pueda vulnerar la integridad física de un dragón o infligirle sufrimiento si no coincide con su voluntad o no ha sido debidamente informado de las consecuencias de su decisión.

De igual forma, se pueden emplear objetos de quita y pon para la identificación de dragones. Entre éstos se encuentran collares, brazales, coleras, gualdrapas, mitones y una larga lista de ropajes y ornamentación.

Normalmente, los accesorios aparecen como parte de los aparejos o de la vestimenta de un dragón en ceremonias o en acto de servicio, para así indicar su rol o nivel en el escalafón del estamento considerado.